El casco antiguo de Lecce guarda espacios que escapan a la mirada apresurada. Tras las murallas del siglo XVI, en un jardín de olivos milenarios que respira historia y silencio, Zéphyr Restaurant despliega una experiencia donde la cocina se entrelaza con el arte y la memoria. Integrado a La Fiermontina Luxury Home, el restaurante ocupa un enclave singular, rodeado de esculturas monumentales que convierten cada cena en una escena casi teatral.
El acceso conduce a través de un olivar antiguo. Los troncos retorcidos dibujan sombras irregulares sobre la piedra y preparan el ánimo para una velada íntima. El interior mantiene una estética sobria y elegante, con pocas mesas dispuestas de manera que cada comensal conserve su propio espacio. La iluminación tenue crea un clima envolvente, ideal para que la conversación fluya sin estridencias. Durante la temporada estival, el servicio se traslada al exterior, donde el murmullo del follaje acompaña el ritmo de los platos. Allí, entre los árboles, se alzan Le due sorelle de Fernand Léger, Armonia II de René Letourneur y La coppia de Jacques Zwobada, esculturas que parecen vigilar con discreción el desarrollo de la noche. En el salón principal, la pieza La liberté, realizada por Zwobada en 1953, ocupa un lugar central y actúa como recordatorio permanente del vínculo entre este espacio y la historia artística europea del siglo pasado.
La dirección culinaria está en manos de Antonio De Carlo, nacido en 1996, cocinero que ha construido su trayectoria con determinación. Desde la infancia mostró una inclinación natural hacia la cocina, más atraído por los utensilios y los aromas que por los entretenimientos habituales. Tras completar su formación en el Instituto Alberghiero de Otranto, desarrolló experiencia en su Salento natal y luego amplió horizontes en restaurantes de prestigio como el Pashà de Conversano y el Magorabin del chef Marcello Trentini en Turín. Ese recorrido consolidó una visión centrada en la precisión técnica y el respeto profundo por el producto.
Una frase resume su actitud ante el oficio, cabeza baja y rendimiento alto. La consigna habla de disciplina y de una voluntad constante de superación. Su cocina se caracteriza por la claridad y la coherencia. Cada ingrediente se integra en el plato con intención definida, sin elementos superfluos. El territorio constituye una referencia permanente y la materia prima es tratada con sensibilidad hacia su origen y su temporalidad.
La experiencia puede iniciarse con una tartare de ricciola acompañada por leche de almendras, higos secos con almendra y laurel. El contraste entre frescura marina y dulzor vegetal se traduce en un equilibrio delicado. Otra opción es el huevo al vapor con hongos, blue de búfala y col rizada tostada, creación denominada Velo d’Autunno, que combina suavidad y profundidad aromática. Entre los primeros platos destaca una reinterpretación de los Triddhi, tradicionales migas de pasta enriquecidas con manteca aromatizada con hierbas mediterráneas, limón marroquí y pescado marinado. El risotto de calabaza con manteca ahumada al olivo y polvo de aceitunas negras, titulado Oro d’Ulivo, expresa con nitidez la identidad del paisaje salentino.
En los principales, la Sinfonia vegetale presenta coliflor asada, kimchi picante de coliflor, salsa de col romanesco y hojas de col negra tostadas, demostrando que la cocina vegetal puede alcanzar intensidad y complejidad. Las propuestas de pescado y carne mantienen esa línea definida. Profumo Mediterraneo propone filete de ternera con cicoria salteada y salsa al limón, donde la acidez aporta equilibrio al conjunto.
Sabores que dialogan con el arte
Las especias y ciertos acentos orientales aparecen con mesura en el repertorio del chef. De Carlo incorpora estos matices siempre que dialoguen con el relato del plato. El aroma del lime se repite en diversas preparaciones, desde las entradas hasta el universo dulce, aportando frescura y continuidad sensorial.
En el capítulo de postres, su aproximación resulta libre y creativa. El semifreddo de mustacciolo glaseado con crumble de cacao salado y helado de chocolate combina dulzor intenso, notas tostadas y textura crujiente en una composición audaz. La cheesecake horneada con caramelo, sal y frutos rojos, denominada Dolce Marea, equilibra cremosidad y contraste salino en una síntesis contemporánea.
El contexto artístico amplifica cada degustación. La figura de Antonia Fiermonte, pintora y violinista vinculada a los círculos culturales parisinos del siglo XX, impregna el espíritu de La Fiermontina. Musa de René Letourneur y Jacques Zwobada, su historia constituye una parte esencial de la identidad del lugar. Sus descendientes, Fouad Giacomo y Antonia Yasmina Filali, decidieron compartir esa herencia a través de un proyecto que integra hospitalidad, naturaleza y creación artística.
Zéphyr abre al mediodía con un menú ligero y por la noche ofrece carta junto a dos menús degustación que permiten explorar con mayor profundidad la visión del chef. Permanece cerrado los domingos, manteniendo un ritmo que prioriza la calidad y la atención personalizada. Se ubica en piazza Scipione De Summa 4, en Lecce, dentro de La Fiermontina Luxury Home.
Antonio De Carlo concibe la cocina como un proceso en constante transformación. Su compromiso con la mejora continua se refleja en la revisión permanente de sus platos y en la búsqueda de nuevas armonías. En este rincón del sur italiano, donde olivos milenarios conviven con esculturas del siglo pasado, cada preparación se convierte en una declaración de identidad. Zéphyr se consolida así como un espacio donde el sabor, el arte y la memoria convergen en una experiencia que perdura más allá de la última copa.
Por Flavia Tomaello, https://flaviatomaello.blog/, Instagram @flavia.tomaello


