El ingrediente que conquistó las redes y una especialidad italiana con más de un siglo de historia conviven en las propuestas actuales de la chocolatería premium.
Algunos sabores alcanzan popularidad de manera repentina, otros atraviesan generaciones. El pistacho y la gianduia representan esos dos recorridos: uno ligado a las tendencias gastronómicas contemporáneas y otro profundamente arraigado en la tradición chocolatera europea.
Durante los últimos años, el pistacho se convirtió en uno de los ingredientes más buscados de la pastelería y la chocolatería. Su presencia se multiplicó en redes sociales y rápidamente se extendió a tabletas, bombones, helados, cremas y otras elaboraciones. Lo que comenzó como un fenómeno viral logró trascender la novedad e instalarse como un sabor asociado con el universo premium.
La gianduia, en cambio, encuentra sus raíces en Turín. Esta preparación surgió durante el siglo XIX a partir de la combinación de cacao y avellanas, uno de los frutos característicos de la región del Piamonte. Con el tiempo, se convirtió en un emblema de la chocolatería italiana y en la base de distintas especialidades, entre ellas el tradicional gianduiotto.
Aunque sus historias son diferentes, el pistacho y la avellana comparten un lugar destacado en la chocolatería actual. Ambos aportan textura, suavidad y perfiles de sabor reconocibles. En sintonía con este encuentro entre tendencia y tradición, Cachafaz incorporó Pistachino y Gianduiot a su propuesta de chocolatería premium. Se trata de dos bocaditos de elaboración argentina que reinterpretan estas combinaciones en un formato individual. Ambos están elaborados con frutos secos reales, azúcar orgánica y sin aceite hidrogenado.
Pensados para acompañar un café, disfrutar durante una pausa o darse un pequeño gusto, constituyen dos propuestas que muestran cómo la chocolatería contemporánea puede mirar hacia las tendencias globales y, al mismo tiempo, recuperar recetas con historia.


