Gori Gori: nuevo look, misma esencia

Para el equipo de Gori Gori, la escucha ha sido parte esencial del camino. Desde sus inicios, la evolución de la marca ha respondido en gran medida a la capacidad de aprender de la comunidad que les ha acompañado durante más de cinco años. Más que una meta, la cercanía con sus clientes se ha convertido en parte de su identidad y en la fuerza que impulsa cada decisión para ofrecer una mejor experiencia.

Teniendo claro que en ocasiones la mejor manera de mantenerse fiel a la esencia es atreverse a evolucionar, dieron paso a una nueva imagen mucho más cercana a lo que quieren proyectar de  Gori Gori actualmente. Pero ¿cómo llegaron hasta acá?

“Nos dimos cuenta de que el reto no era solamente llevar Gori Gori a un espacio físico; era encontrar la personalidad de la marca y la experiencia de consumo en algo que nunca antes habíamos vivido”, comparte Sergio Su, uno de sus creadores.

Al abrir el restaurante, el equipo decidió conservar varios de los elementos que habían convertido a Gori Gori en un proyecto reconocible: el ramen se seguía sirviendo en vaso, tal como ocurría durante la etapa de delivery, y el rosa continuaba siendo el color predominante del espacio, sin embargo, el contacto cotidiano con los clientes les permitió descubrir algo importante: la forma en la que ellos imaginaban la marca no siempre coincidía con la percepción del público.

Atentos a lo que recibían de sus clientes, comenzó la evolución…

Poco a poco, los cambios fueron tomando forma. A partir de la actualización del logotipo con una tipografía más cercana a la personalidad de la marca y el color rojo haciéndose cada vez más presente, para el equipo fue claro que era este color y no el rosa el que mejor representaba a Gori Gori y, casi de manera natural, esa decisión desencadenó una serie de transformaciones que trascendieron la identidad gráfica y se extendieron a la experiencia del restaurante: el rojo se estableció también en el espacio dando paso a una atmósfera más vibrante, divertida y sobre todo coherente con el proceso que estaban viviendo.

Casi como un efecto dominó, este cambio alcanzó uno de los elementos más emblemáticos del proyecto: pasaron del ramen en vaso, a servirlo en tazón. Aunque el formato original fue clave durante la etapa de delivery y continúa vigente para este servicio, dentro del restaurante el equipo descubrió que el tazón conectaba mejor con los clientes al ofrecer una experiencia más cercana a la manera en que tradicionalmente se disfruta el ramen, además de que esta presentación permite realzar sus ingredientes y porciones comunicando con mayor claridad la propuesta gastronómica de Gori Gori.

Estos cambios representan para el equipo de Gori Gori una forma de estar más cerca de sus clientes, de escucharles y poder tener para ellos un espacio que sientan propio, donde se sientan bienvenidos. Hoy, el color, la presentación del ramen y la ambientación del espacio buscan acompañar ese momento de apapacho culinario en el que tomas el tazón entre las manos, disfrutas cada fideo a tu propio ritmo y te quedan siempre ganas de volver.

Para sus creadores, esta nueva etapa representa, sobre todo, un proceso de aprendizaje. Sin venir de la industria restaurantera, reconocen que cada decisión ha sido resultado de escuchar, probar, corregir y evolucionar con humildad y respeto por el oficio. Más que un nuevo look, la transformación de Gori Gori refleja el crecimiento de una marca que sigue construyéndose todos los días junto a su comunidad.

Si quieres vivir la experiencia, puedes visitarlos en Jalisco 145, en el Edificio Ermita, o bien conocer más sobre la propuesta de Gori Gori Ramen siguiéndolos en sus redes sociales, donde comparten información sobre su menú, próximos eventos, colaboraciones y novedades del restaurante.