Más opciones 0.0 y bebidas funcionales: la búsqueda de sabor y bienestar gana espacio

La cerveza y el vino sin alcohol avanzan como alternativas para moderar; las bebidas con probióticos, vitaminas y otros ingredientes funcionales proponen otra ocasión de consumo.

El menú de bebidas ya no se divide solamente entre las que tienen alcohol y las que no. En una misma góndola conviven vinos sin alcohol, cervezas 0.0 y espumosos desalcoholizados para quienes buscan moderar, junto con kombuchas y bebidas gasificadas que prometen sumar vitaminas, cultivos u otros ingredientes funcionales a la rutina diaria.

Aunque suelen reunirse bajo la etiqueta de consumo consciente, son tendencias con motivaciones distintas. Las versiones sin alcohol de cerveza y vino buscan conservar parte de la experiencia y la ocasión social de esas bebidas. Las funcionales, en cambio, se presentan como una forma de sumar ingredientes asociados al bienestar en un producto cotidiano.

A escala internacional, IWSR (International Wine and Spirit Record) estima que el volumen mundial de las bebidas análogas sin alcohol —cerveza, vino, aperitivos listos para tomar y destilados— creció 9% en 2025. La consultora proyecta que el segmento aumentará 36% entre 2024 y 2029. En una encuesta realizada en diez mercados en agosto de 2025, 37% de quienes elegían cerveza sin alcohol y 40% de quienes elegían vino o espirituosas sin alcohol citaron un “estilo de vida saludable” como motivo.

La misma investigación distingue esas alternativas de las llamadas bebidas “alcohol-adjacent” (adyacentes al alcohol) una categoría amplia que incluye algunas bebidas funcionales, botánicas, fermentadas y otras propuestas sin alcohol. IWSR calcula que su volumen aumentó 11% en 2025. Entre quienes las elegían, 26% mencionó la salud como motivo; también pesaron la curiosidad y el interés por los ingredientes funcionales. En otro relevamiento preliminar, que abarcó 22 mercados y alrededor de tres cuartas partes del mercado global de bebidas alcohólicas, IWSR registró un alza de 8% en el volumen de cerveza sin alcohol entre 2024 y 2025.

Estas cifras describen categorías diferentes y no implican que una vaya a reemplazar a la otra. Una cerveza 0.0 responde a la moderación en una ocasión social; una bebida funcional ofrece otra propuesta de uso.

En Argentina, la cerveza sin alcohol muestra un crecimiento rápido en el mercado local, aunque desde una participación reducida. Una de las empresas más importantes de cerveza de origen nacional calculó que en 2025 el segmento creció cerca de 60% anual y equivalía a alrededor de 1,3% del volumen cervecero.

El vino sin alcohol también empezó a abrirse paso. En marzo de 2024, el Instituto Nacional de Vitivinicultura incorporó formalmente la categoría “vino desalcoholizado o vino sin alcohol” para el producto obtenido mediante desalcoholización con menos de 0,5% de alcohol en volumen. Al año siguiente, bodegas locales empezaron a presentar espumosos 0.0; entre esos lanzamientos estuvo Nieto Senetiner 0% Brut, anunciado en octubre de 2025.

De la kombucha a la soda funcional

La expansión de este espacio también se refleja en marcas que reformulan bebidas fermentadas o se inspiran en el formato de la gaseosa. En Estados Unidos, Poppi se presenta como una “prebiotic soda” y destaca prebióticos y vinagre de sidra. Poppi empezó como una bebida casera que la pareja, Stephen y Allison Ellsworth, vendía en ferias de productos locales. Se caracteriza por ser una gaseosa con gas y sabores frutales, pensada como alternativa a la soda tradicional. Contiene fibra prebiótica, jugo de fruta y vinagre de sidra de manzana, con hasta 5 g de azúcar y 35 calorías por lata, según el sabor.

En este mapa, pero a nivel nacional, se ubica Ozono Energía, una marca argentina que vio que la kombucha resolvía en parte el problema de la salud intestinal pero que esto tenía un detrimento ya que su sabor, al ser un fermentado, no logra reemplazar el placer proveniente de una gaseosa. La propuesta de Ozono hoy entra en la categoría de bebidas funcionales o “super drinks”, buscando eliminar la fricción entre el placer y la salud. Son bebidas hechas con sabores naturales, endulzadas de forma natural + probióticos y vitaminas B y C (incluida la B12). Son sin azúcar, 0 calorías y con gas. “Nuestra apuesta es que el sabor sea realmente delicioso, para que la gente quiera reemplazar su gaseosa por una bebida que, además de placer, suma bienestar. Están pensadas para personas conscientes de lo que consumen, pero que no quieren resignar el placer”, cuenta Priscila Flores Leibenzon, co fundadora de la marca de Ozono Energía, junto con Sebastián Groppa.

Una sola lata de Ozono cubre la dosis diaria de vitamina C y aporta 16 millones de UFC de probióticos de la cepa Bacillus subtilis. Son probióticos esporulados que resisten el ácido estomacal, las sales biliares y las altas temperaturas, por lo que llegan vivos al intestino sin necesidad de refrigeración. Por eso son un gran aliado tanto para deportistas como para quienes tienen desbalances en la microbiota intestinal o molestias digestivas, ya que con un intestino que funciona bien, lo que se ingiere se absorbe correctamente. Dos latas por día cubren la dosis diaria de vitaminas del grupo B, incluida la B12, ideales para personas veganas, que suelen tener que recurrir a suplementos para obtenerla.

El desafío: convertir la prueba en hábito

El interés por estas categorías aparece, además, en un mercado de consumo masivo que todavía exige seleccionar cada compra.  Una categoría que puede crecer con fuerza desde una base pequeña, pero todavía necesita demostrar que consigue repetición de compra, distribución y una ecuación de precio capaz de sostenerse cuando el consumidor compara alternativas. En el caso de las cervezas y los vinos sin alcohol, la oportunidad está en capturar ocasiones que antes pertenecían a las versiones tradicionales. En las funcionales, el desafío es construir un hábito de consumo cotidiano sin convertir el bienestar en una promesa difícil de comprobar.

Para la industria, esto implica desarrollar propuestas, precios, canales y mensajes distintos, aun cuando compartan espacio en la góndola.

La regulación agrega una condición relevante para las marcas que construyen su posicionamiento alrededor de la salud. En la Argentina, el INV reconoce al vino desalcoholizado o sin alcohol como el producto obtenido por desalcoholización del vino con menos de 0,5% de alcohol en volumen. Para las bebidas analcohólicas, ANMAT establece que las declaraciones de propiedades saludables requieren una recomendación favorable de su comisión evaluadora y que el dictamen queda ligado a la composición, el rotulado y las características del producto.

Por eso, el próximo capítulo de la categoría no se definirá sólo por la cantidad de lanzamientos. También dependerá de qué marcas logren probar el producto, sostener el sabor, justificar sus beneficios con evidencia y volverlo accesible en los canales donde se decide la compra. La oportunidad existe, pero no es una sola: el 0.0 busca monetizar la moderación; la bebida funcional, una rutina de bienestar. El crecimiento será relevante para el negocio cuando esas dos promesas dejen de ser una novedad de góndola y se conviertan en elecciones recurrentes.