La marca argentina que repiensa uno de los objetos más icónicos de la cultura nacional desde una estética disruptiva y una filosofía de producción artesanal.
Hay objetos que parecen intocables. El mate es uno de ellos: arraigado en el imaginario colectivo argentino con la fuerza de un ritual que atraviesa generaciones, clases sociales y geografías. Sasha Gats decidió no tocarlo, sino repensarlo desde adentro.
Fundada por Alejandro Gats, diseñador y artesano formado en el cruce entre el oficio manual y la búsqueda estética personal, la marca produce mates de algarrobo con una identidad visual que desafía el canon convencional. “Me cuestiono cuál es la función, miro con qué cuento e inicio un proceso de experimentación donde concluye todo lo que conozco desde el punto de vista de habilidad, proceso, conocimiento técnico, artístico y gusto personal”, describe su creador. “Cada vez que llego a un escalón, me pregunto: ¿qué pasa si?”.
Esa pregunta es el motor de Sasha Gats. Y la respuesta, hasta ahora, ha sido una colección de piezas que convierten un objeto cotidiano en algo más cercano a una pieza de diseño de autor que a un utensilio de cocina.
Diseño que genera pertenencia
Para Gats, la clave está en una distinción que parece simple pero lo cambia todo: “La tradición está en el ritual, no en los objetos. Los objetos no transforman el ritual, pueden ser contemporáneos. Esto es una habilitación a poder cuestionarlos” Desde ese lugar, Sasha Gats no compite con la tradición, la expande.
Sus mates han llegado a manos de distintas celebridades y referentes culturales. Gats lo explica sin misterio: “Lo eligen porque es disruptivo: es un objeto que rompe con la inercia visual de lo que estamos acostumbrados a ver sobre la mesa. No responde al canon convencional ni a la nostalgia repetitiva”. Y agrega: “No compran solo un recipiente para la yerba, eligen una pieza de diseño que es original desde su concepción hasta su factura manual. Es esa desconexión con lo estándar lo que genera una identificación inmediata con quienes buscan diferenciarse”
En un mercado donde la producción masiva tiende a homogeneizar la estética doméstica, esa singularidad funciona como un argumento en sí mismo. “Hay que tratar de materializar lo que la gente desea pero no logra imaginar”, sintetiza Gats.
Herencia y transformación
La historia de Sasha Gats es también la historia de una forma particular de entender el trabajo y el aprendizaje. Alejandro Gats creció en una casa que su padre construyó con sus propias manos, sin formación previa en ninguno de los oficios que eso requería. Esa impronta —enfrentarse a lo desconocido con convicción y método propio— es la que define el ADN de la marca. “El inicio fue el momento Cristóbal Colón: estar convencido de algo que no podés probar”, recuerda. “La principal ventaja es poder diseñar y también realizarlo. Esa combinación es el primer diferencial”.
La elección de la madera de algarrobo, el acabado de cada pieza, la forma: cada decisión responde a una lógica interna que Gats construyó a prueba y error. “El diseño fue un proceso de exploración”, admite. “No cualquier materia encaja”.
En un momento en que el diseño argentino busca su lugar en la conversación global, Sasha Gats propone una respuesta que no necesita demasiada explicación. Como dice su propio fundador: “La cultura del mate es transversal, nos atraviesa a todos. Quienes están en esa búsqueda de alternativas encuentran una identificación inmediata. No tengo que explicar nada”.


