Felice: la nueva pizzería de Coco Carreño donde la tradición napolitana se encuentra con el ADN porteño

Después de formarse como pizzaiolo en Nápoles, importar tecnología específica para la fermentación de las masas y desarrollar durante meses una receta propia, Sebastián “Coco” Carreño abrió Felice, su nuevo restaurante en Las Cañitas. Una esquina dedicada a la auténtica pizza italiana, con una propuesta que suma fainá, panuozzos, pastas, postres y una ambientación inspirada en las tradicionales trattorias contemporáneas.

En abril de este año abrió sus puertas Felice, el nuevo restaurante de Sebastián “Coco” Carreño, ubicado en una esquina de Las Cañitas . Se trata del proyecto más personal del chef y conductor de televisión, nacido después de un viaje a Nápoles donde se formó como pizzaiolo (maestro pizzero) junto a la Associazione Verace Pizza Napoletana (AVPN) , institución dedicada a preservar la pizza napolitana auténtica. A partir de esa experiencia decidió crear un restaurante donde pudiera trasladar a Buenos Aires los sabores, las técnicas y la cultura de la pizza italiana, incorporando al mismo tiempo una característica profundamente porteña: el crocante de la pizza a la piedra.

Más que abrir una pizzería, Carreño buscó construir un lugar que reflejara una parte importante de su historia personal. Nieto de inmigrantes italianos, creció entre las recetas que preparaba su abuela Carmela —nacida en Trivento— y desde entonces la cocina italiana ocupa un lugar central en su carrera . Después de más de veinticinco años de trayectoria profesional durante los que trabajó en cocinas de distintos países, publicó libros, condujo programas de televisión y desarrolló, durante catorce años, la marca Coco Café y encuentra en Felice el espacio ideal para reunir toda esa experiencia en un restaurante dedicado exclusivamente a una de sus mayores pasiones.

Para lograr el resultado que imaginaba no alcanzaba con reproducir una receta, motivo por el cual decidió viajar a Italia para estudiar cada etapa del proceso y comprender el comportamiento de las masas desde su origen. Como parte de ese aprendizaje, Coco incorporó al proyecto equipamiento especialmente diseñado para él en Argentina para controlar con precisión la fermentación y maduración de la masa. Estas cámaras permiten mantener la temperatura y la humedad constantes durante todo el proceso, respetando los tiempos naturales de desarrollo y garantizando una evolución lenta antes de llegar al horno. A partir de esa tecnología, comenzó un largo trabajo de pruebas junto a su equipo, ajustando hidratación, harinas, tiempos y cocción hasta encontrar una masa liviana, aireada y digestiva, con el borde característico de la pizza napolitana, pero una base firme y crocante que dialoga con la tradición porteña.

Las pizzas se elaboran con harina italiana doble cero, tomates importados y una fermentación y maduración de 24 horas, respetando el método aprendido en Nápoles. El resultado es una pizza que conserva el clásico cornicione alveolado de la escuela napolitana, pero suma una textura más crocante en la base, convirtiéndose en una propuesta propia que no busca copiar un modelo sino reinterpretarlo desde Buenos Aires.

El restaurante funciona en una esquina luminosa sobre la calle Arce y su proyecto de interiorismo fue desarrollado por la arquitecta Gabriela Ponce, al frente de GPonce Studio, quien tomó como punto de partida la misma idea que define la propuesta gastronómica: el encuentro entre la pizza napolitana y la identidad porteña. A partir de ese concepto, el diseño combina materiales propios de las pizzerías tradicionales de Buenos Aires —fórmica, madera, cuero y pisos calcáreos— con referencias visuales a Nápoles, sin reproducir literalmente ninguno de esos universos, sino construyendo el propio. El espacio se organiza alrededor de una cocina completamente abierta donde el trabajo de los pizzaiolos, el estirado manual de las masas y el horno italiano forman parte de la experiencia. Una gran barra de madera de incienso funciona al mismo tiempo como superficie de trabajo y sector para comer, mientras que bibliotecas, arcos, objetos vinculados a la cultura italiana y porteña, iluminación cálida y detalles de inspiración doméstica generan un ambiente pensado para transmitir cercanía y familiaridad. El recorrido culmina con un toilette intervenido por la artista Flor Chedufau , quien realizó un mural envolvente de 360 grados inspirado en escenas y personajes de Nápoles, reforzando la idea de un restaurante donde arquitectura, gastronomía y memoria dialogan en un mismo espacio.

La carta comienza con una selección de entradas para compartir, entre las que sobresalen la burrata con Prosciutto di Parma, la focaccina crocante con queso Sbrinz, el plato de olivas marinadas y tres variedades de fainás crocantes con diferentes toppings como la que lleva stracciatella y mortadela con pistachos. También aparecen los panuozzos sándwiches elaborados con masa de pizza disponibles en versiones con stracciatella, mortadela y pistachos o con Prosciutto di Parma, rúcula, tomates cherry confitados y queso Sbrinz.

Las pizzas constituyen, naturalmente, el corazón de la propuesta. Entre las variedades rojas se destacan la Margherita, elegida para apreciar el sabor de la masa y los ingredientes; la Pepperoni; la Stracciatella; la Carciofi, con alcauciles, cocido natural y lluvia de Sbrinz; la Prosciutto, con jamón de Parma y rúcula; y la Pomodorini y Pesto , preparada con tomates cherry confitados y pesto suave de albahaca. En las pizzas blancas aparecen la Portobello y Provola, con provoleta ahumada y puerro; la Fugazzeta a dos cebollas; la 4 Formaggi, que reúne queso de cabra, provola ahumada, Fior di Latte y Sbrinz; y la versión con bacon, zucchini y stracciatella.

La propuesta se completa con malfatti gratinados de ricota y espinaca, empanadas caseras de lomo cortado a cuchillo o jamón y queso, además de una carta de postres donde el pistacho vuelve a ocupar un lugar destacado. El helado artesanal de pistacho con salsa Pistacho Caramel se convirtió rápidamente en uno de los favoritos del restaurante y acompaña a otros clásicos italianos como el tiramisú y el Flan Felice elaborado con claras . Para beber, la carta ofrece vinos por copa, cervezas, Aperol Spritz, Cynar con pomelo, vermut rosso con soda, gin tonic y café espresso.

Cada detalle de Felice responde a una misma idea: ofrecer una pizza elaborada con el respeto por la tradición italiana , pero pensada para el gusto del público argentino. Un proyecto construido con paciencia, investigación y oficio, donde la técnica convive con la memoria familiar y donde cada masa resume el recorrido de un cocinero que decidió volver al origen para empezar una nueva etapa.

FELICE
Dirección: Arce 305, Las Cañitas.
Horarios: Martes, miércoles, jueves y domingos de 19 a 00 hs. Viernes y sábados de 19 a 01 hs. Lunes cerrado.
Instagram: @felicepizza.ar