De la empanada al tiramisú: sommelier propone cinco maridajes que resaltan el potencial gastronómico de la cerveza

Hace 15 o 10 años muy pocos hubieran afirmado que la cerveza podía tener un rol protagónico a la hora de pensar platos y menús. Para la gran mayoría de los argentinos era apenas el acompañamiento del asado o la pareja del maní durante un partido de fútbol. Hoy esa concepción parece haber quedado atrás: en la última década la cerveza artesanal dejó de ser una curiosidad de nicho para instalarse como protagonista gastronómica, con maridajes pensados con el mismo rigor que se aplica a un buen vino.

La cerveza artesanal fue uno de los fenómenos más novedosos de la década del 2010. Hoy, tras años de afianzamiento en el mercado, el sector se encuentra en una senda de consolidación. Según el último relevamiento de la Cámara de Cerveceros Artesanales de Argentina (CCAA) realizado sobre 102 cervecerías de todo el país, la mitad de las fábricas abrió entre 2013 y 2018; y siete de cada diez opera por debajo de los 10.000 litros mensuales. Se trata entonces de una industria joven y fragmentada.

Pero esa atomización no es sinónimo de debilidad: el 75% de las cervecerías vende de forma directa, sin distribuidores. Esto significa que 3 de cada 4 cervecerías han decidido prescindir de intermediarios comerciales, asumiendo ellas mismas la responsabilidad de logística y venta. Para los representantes de la CCAA, en litros reales despachados el mercado independiente se parece más al masivo de lo que se suele pensar. Según indican desde la Cámara, los volúmenes reales muestran un mercado que sigue siendo dominado por estilos accesibles y masivos.

A su vez, la evolución del sector también se refleja en la diversidad de estilos. Las Blonde, Golden y Pilsen siguen siendo las variedades más extendidas, y es por eso que el 90 % de las cervecerías las ubica entre sus tres estilos más vendidos. El segundo lugar lo ocupa la American IPA con el 64 %, consolidándose como el estilo clásico del movimiento craft. La APA/Session IPA (versión más accesible de la IPA) aparece en el top tres del 48 % de las cervecerías; mientras que la Honey (estilo con dulzor suave) está presente en el 38 %.

En ese contexto, Martín Boan, primer sommelier de cervezas de la Argentina, sostiene que pensar la cerveza en términos de maridaje es también una forma de entender su complejidad aromática, algo que el sector trabaja para reivindicar. El especialista, que estará a cargo de la Plaza Cervecera de Hotelga 2026, sostiene: “El lúpulo puede ser tan versátil como cualquier condimento de cocina”, asegura, y para demostrarlo propone algunas combinaciones que rompen con el lugar común.

IPA y empanada de carne cortada a cuchillo
La empanada criolla, con su carne picada a cuchillo y sus especias, encuentra en la IPA una contracara perfecta. El amargor característico del lúpulo y sus notas cítricas o tropicales dialogan con el condimento de la carne, en una combinación que redefine un clásico de la mesa argentina.

NEIPA y ceviche
Bajo el concepto “lúpulo tropical para una cocina fresca”, Boan propone unir una New England IPA con un ceviche de pescado blanco, mango, lima y cilantro. La fruta tropical que aporta el lúpulo se funde con los sabores cítricos del plato, generando una combinación donde ambos elementos parecen haber sido pensados el uno para el otro.

Ojo de bife y Stout
Para la carne grillada, Boan elige una Stout. La malta tostada de este estilo acompaña los sabores ahumados y caramelizados que deja la parrilla, en un maridaje que apela a la tradición sin resignar sofisticación.

Pollo frito y Hoppy Lager
El crocante del pollo frito, con sus especias y su toque de limón, pide una cerveza rubia, seca y fresca, con buena presencia de lúpulo. La carbonatación de la Hoppy Lager cumple una función clave: limpia el paladar entre bocado y bocado, y renueva el apetito.

Tiramisú y Stout
En lo que es tal vez el maridaje más audaz de la lista, Boan sugiere reemplazar parte del café del tiramisú clásico por Stout, o incorporarla en la salsa. El resultado combina chocolate, café y maltas tostadas en una experiencia que difumina el límite entre el trago y el postre.