En un escenario donde la composición de los productos gana peso en la decisión de compra, las empresas del sector alimenticio comienzan a repensar qué ofrecen
La industria de alimentos atraviesa una etapa de ajuste fino. En un contexto en el que los consumidores prestan cada vez más atención a la composición, la calidad de los ingredientes y la información disponible en los envases, las marcas buscan diferenciarse no solo por sabor, sino también por lo que propone el producto. En Argentina, el 69% de los hogares selecciona alimentos pensando cómo están elaborados y los beneficios que brindan.
En este escenario, Cachafaz relanza su alfajor sin harina, elaborado con masa de almendras, relleno de dulce de leche y cobertura de chocolate con 72% cacao. La propuesta apunta a interpretar una demanda que valora cada vez más la materia prima y la identidad de un producto premium. Más que una novedad aislada, se trata de una respuesta a una transformación más amplia en la manera de elegir, comprar y consumir alimentos.
El cambio de hábito convive con una tensión concreta: el interés por la calidad aumenta, pero también lo hace la sensibilidad al precio. Para las marcas, el desafío pasa entonces por construir propuestas de valor que respondan a una demanda informada, sin perder competitividad.
El alfajor no es apto para celíacos, ya que no cuenta con certificación libre de gluten y se elabora en la misma línea productiva que el resto de los alfajores. Desde la marca explican que, aunque el producto podría ser potencialmente apto, hoy no disponen de la infraestructura necesaria para certificarlo, pero trabajan para cumplir con esos requisitos a futuro.


