Una esquina volvió a latir

Ciertas calles guardan un ritmo propio que sobrevive a las modas, y la avenida Victor Hugo es una de ellas. A pocos metros del Arco del Triunfo, entre fachadas de piedra clara y balcones de hierro forjado, un domicilio particular concentra hoy las miradas de quienes recorren el distrito dieciséis. No se trata de un local recién nacido, sino de un espacio que ya había marcado época décadas atrás, cuando su nombre circulaba entre las noches parisinas más comentadas de los años ochenta.

Gilbert y Thierry Costes, apellido asociado desde hace tiempo a los grandes proyectos gastronómicos de la ciudad, tomaron esa dirección dormida y le devolvieron actividad. Primero abrieron el restaurante y el club, luego incorporaron en marzo de 2025 la parte hotelera, hasta completar en febrero de 2026 el conjunto tal como funciona en la actualidad, con quince habitaciones, servicio continuo de comidas y un club privado en los niveles inferiores. Meses después de aquella apertura formal, la propuesta ya funciona con la solidez de un clásico instalado, no con la fragilidad de una novedad reciente.

El edificio, de estructura haussmanniana, fue reinterpretado por el estudio londinense de Martin Brudnizki, que encontró inspiración en un poema extenso de Victor Hugo, “La leyenda de los siglos”, para diseñar un recorrido interior atravesado por ideas de transformación y resurgimiento. Superficies de mármol curvo, cortinados de terciopelo profundo, mosaicos con criaturas mitológicas y estructuras lumínicas de carácter escultórico componen un ambiente donde la decoración funciona casi como literatura.

Victoria Faucanie, responsable de Comunicación y Marketing dentro del grupo Beaumarly, fue consultada sobre el proyecto y evitó centrar la conversación en la figura de un chef puntual. Prefirió describir una construcción colectiva. “Concebimos la propiedad como una experiencia completa, donde restaurante, diseño, hotel y club conforman una sola narrativa”, indicó, remarcando que ninguna de esas áreas puede leerse de manera independiente.

Donde la carta imita al espacio
Al ser consultada sobre la relación entre la cocina y semejante puesta en escena, Faucanie ofreció una definición precisa. “La propuesta gastronómica funciona como pieza clave de todo el recorrido. Igual que ocurre con la arquitectura interior, apuesta al contraste, sofisticada aunque cercana, cuidada pero generosa, moderna sin abandonar cierta raíz clásica.” Agregó también una mención al legado culinario propio de la familia Costes, presente en la propuesta aunque reinterpretado con matices propios de este nuevo proyecto.

La localización tampoco resulta un dato menor dentro de esa ecuación. Situado sobre una de las avenidas que nacen en la Étoile, el espacio combina vecinos de siempre con visitantes internacionales, algo que se traslada directamente al menú. Según explicó la ejecutiva, la carta “responde a esa doble pertenencia, con productos franceses de calidad excepcional, recetas tradicionales revisitadas desde una mirada contemporánea, y guiños internacionales pensados para un público diverso”.

Entre los platos más representativos de esa filosofía aparecen el paccheri rigati con caviar, los rollos de tartar al estilo maki, la cecina elaborada con carne wagyu y el bacalao plateado, transformado ya en firma de la casa. Faucanie resumió tres criterios que ordenan cada propuesta culinaria, la procedencia del insumo, la simplicidad visual del plato y la búsqueda de disfrute inmediato. “Elegimos con cuidado cada producto, cuidamos cada punto de cocción, y armamos recetas que dejan al ingrediente en el centro de la escena”, precisó.

El horario extendido constituye otro elemento distintivo dentro de la oferta gastronómica local. Con apertura desde las siete y media de la mañana hasta la madrugada, el servicio ininterrumpido reúne desayuno, almuerzo, cena y brunch de fin de semana bajo un mismo esquema, algo poco frecuente entre establecimientos de categoría similar. Faucanie describió esa continuidad como una forma de acompañamiento constante: “cada franja mantiene su identidad propia, el desayuno privilegia frescura e indulgencia, el almuerzo y la cena buscan generosidad, y el brunch dominical se plantea como un verdadero espacio de encuentro”.

Tres perfiles distintos conviven dentro del mismo edificio, huéspedes del hotel, vecinos habituales y miembros del club privado, sin que esa diversidad haya derivado en tratamientos diferenciados. “Buscamos sostener la misma esencia para todos, generosa, elegante y cálida, sin importar si la persona duerme en el hotel, vive en el barrio o forma parte del club”, explicó Faucanie, descartando cualquier jerarquía entre esos distintos tipos de comensales.

Escapar de la fórmula previsible asociada a la gastronomía de hoteles de lujo fue, según reconoció la ejecutiva, una preocupación presente desde el inicio del desarrollo. “Decidimos priorizar lo genuino por sobre lo demostrativo. Jamás buscamos una cocina rígida, sino platos capaces de generar ganas reales de compartir y de repetir”, sostuvo. En esa misma línea, ubicó el verdadero lujo en la coherencia del conjunto, en la honestidad de cada producto y en la atención puesta sobre los detalles menores, más allá de cualquier gesto ostentoso.

Vincent Darré está a cargo de la dirección artística del proyecto y firmó también el diseño de las quince habitaciones del hotel, mientras Brudnizki mantiene el control de los espacios comunes, combinación que equilibra audacia y sobriedad bajo una misma identidad visual.

Proyectando la mirada hacia adelante, Faucanie eligió responder desde lo emocional antes que desde lo puramente culinario. “Nos gustaría, ante todo, que perdure el recuerdo de una experiencia completa. Seguramente algunos platos queden en la memoria, pero lo que realmente esperamos dejar es la sensación de un momento particular, un almuerzo bañado de luz, una cena que se extiende hacia el club, una charla entre copas, o simplemente una atmósfera irrepetible”, cerró.

Entre criaturas mitológicas talladas en mosaico y una carta pensada como continuación de ese mismo relato, la identidad del proyecto no se sostiene sobre un ingrediente exclusivo ni sobre una técnica puntual. Se sostiene, según sus propias palabras, sobre una manera particular de recibir a cada visitante. Frente al Arco del Triunfo, esa parece ser la verdadera herencia que la avenida Victor Hugo terminó de recuperar.

Por Flavia Tomaello, https://flaviatomaello.blog/, Instagram @flavia.tomaello