Amberes siempre tuvo una relación particular con el diseño, la arquitectura y la gastronomía. En los últimos años, esa combinación convirtió a la ciudad belga en uno de los destinos más atractivos de Europa para quienes buscan experiencias urbanas más sofisticadas pero lejos del turismo masivo. En ese escenario, August Antwerp terminó consolidándose como uno de sus espacios más representativos.
Instalado dentro de una antigua capilla agustiniana transformada en hotel boutique, el proyecto volvió a renovar su propuesta gastronómica de cara al verano europeo con una mirada que combina cocina contemporánea, productos de estación y una experiencia profundamente ligada a sus jardines interiores.
Más que un hotel, August funciona hoy como un pequeño oasis urbano en el corazón de Amberes. El complejo reúne 44 habitaciones, restaurante, spa, bar y dos patios verdes que durante los meses cálidos se transforman en el verdadero centro de la experiencia. Almuerzos al aire libre, cenas entre vegetación y aperitivos al atardecer forman parte de una dinámica que busca desacelerar el ritmo de la ciudad y generar una sensación de refugio dentro del entorno urbano.
La nueva etapa gastronómica está liderada nuevamente por el chef Pieter Starmans, quien ya había estado al frente de la cocina durante la apertura original de August y obtuvo entonces una destacada valoración de la guía Gault&Millau, además del reconocimiento como mejor debut gastronómico.
Su regreso marca también un cambio de enfoque en la propuesta culinaria. Lejos de los formatos rígidos de alta gastronomía, el restaurante apuesta ahora por una experiencia más flexible y relajada. Los huéspedes y visitantes pueden optar por platos a la carta o por menús de tres o cuatro pasos, en una lógica donde la sofisticación convive con una sensación de naturalidad y cercanía.
La cocina se construye alrededor de ingredientes estacionales y productos de proximidad, con una presencia especialmente fuerte de vegetales y sabores frescos. La idea no es generar platos excesivamente complejos, sino trabajar sobre la pureza del producto y el equilibrio de sabores reconocibles.
En línea con una de las grandes tendencias gastronómicas actuales, August prioriza una cocina más ligera, vegetal y conectada con el ritmo natural de las estaciones. El verano europeo aparece así reflejado en preparaciones frescas, técnicas precisas y una estética simple donde cada ingrediente conserva protagonismo.
Esa búsqueda contemporánea convive, sin embargo, con algunos clásicos que forman parte de la identidad histórica del lugar. Preparaciones como la côte à l’os o el tradicional Dame Blanche siguen presentes dentro del menú y funcionan como un puente entre la cocina clásica europea y la mirada actual del restaurante.
La artesanía culinaria ocupa además un lugar central en la experiencia. Salsas, postres y distintas preparaciones continúan realizándose íntegramente en la cocina del hotel, reforzando una idea de gastronomía ligada al detalle y al trabajo manual.
Pero buena parte del atractivo de August no pasa solamente por la comida. El edificio diseñado por Vincent Van Duysen, uno de los arquitectos belgas más reconocidos internacionalmente, juega un rol fundamental en la identidad del espacio. La antigua capilla reconvertida en bar mantiene techos altísimos, luz tenue y una atmósfera silenciosa que transforma cada visita en una experiencia estética además de gastronómica.
Durante el verano, esa dualidad entre arquitectura y naturaleza se vuelve todavía más evidente. El contraste entre la estructura histórica de la capilla y los jardines interiores genera una sensación muy particular: un refugio contemporáneo donde diseño, gastronomía y bienestar conviven sin estridencias.
La experiencia también refleja un cambio más amplio dentro del turismo de lujo europeo. Cada vez más viajeros buscan lugares donde el confort aparezca asociado al diseño, la calma y las experiencias personalizadas antes que a la ostentación tradicional. August se mueve justamente dentro de esa lógica: un hotel donde el lujo pasa por el silencio, la calidad de los materiales, la cocina de estación y el tiempo lento de los jardines.
Amberes, además, se convirtió en una de las ciudades europeas donde mejor conviven creatividad y escala humana. Más accesible y tranquila que otras capitales del continente, mantiene una escena cultural, gastronómica y de diseño extremadamente activa, algo que explica el crecimiento de proyectos como August.
Con su nueva propuesta de verano, el espacio reafirma esa identidad híbrida entre hotel boutique, destino gastronómico y refugio urbano. Un lugar donde el ritmo desacelera y donde el verano europeo se vive entre vegetación, arquitectura histórica y una cocina que apuesta por la simpleza bien entendida.
Por Flavia Tomaello, https://flaviatomaello.blog/, Instagram @flavia.tomaello


