El pueblo rural conocido como “El pueblo de un millón de árboles” se prepara para recibir el 2 y 3 de mayo a locales turistas con sabores tradicionales, música y actividades para toda la familia durante el fin de semana largo con la Fiesta de la Torta Frita y el chocolate caliente.
El destino bonaerense de Cazón, reconocido por su imponente patrimonio natural y por contar con el vivero más grande de la provincia de Buenos Aires, se prepara para vivir una experiencia para deleitar a los amantes de gastronomía: la 1° Fiesta de la Torta Frita y el Chocolate Caliente. Ubicado a tan solo 180 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires (Ruta 226 km 70), este encantador pueblo rural es el elegido para disfrutar de una escapada.
El evento tendrá lugar en el predio del Ferrocarril, donde vecinos y visitantes podrán participar por primera vez del concurso de la torta frita, que contará con premios en efectivo. Además, habrá una feria de artesanos y emprendedores, un variado patio gastronómico y espectáculos musicales en vivo para completar una propuesta pensada para toda la familia.
La fiesta nace con el objetivo de revalorizar los sabores más simples y auténticos de la cultura argentina, promoviendo el encuentro, la tradición y esos pequeños rituales que históricamente reunieron a generaciones alrededor de una mesa.
Cazón abre sus puertas para compartir un fin de semana donde la calidez, la naturaleza y la gastronomía serán protagonistas.
Un rincón verde que conquista a los viajeros
Cazón, una pequeña localidad bonaerense, se ha consolidado como un destino elegido para escapadas de fin de semana gracias a su identidad natural única y su fuerte vínculo con la vida silvestre. Conocido como “el pueblo de un millón de árboles”, este enclave alberga el Vivero Municipal Eduardo Holmberg, un vasto bosque de más de 200 hectáreas que combina senderos, túneles vegetales y una rica biodiversidad. Con apenas 200 habitantes y miles de árboles por persona, el lugar se posiciona como un verdadero pulmón verde provincial. Su cercanía con Saladillo, sumada a propuestas como la observación de aves, la producción agropecuaria local y espacios tradicionales como pulperías y emprendimientos rurales, completan una experiencia donde naturaleza, historia y cultura se entrelazan en un entorno ideal para desconectar y redescubrir lo esencial.


