Cada 19 de junio, la coctelería mundial levanta la copa más icónica que existe. El Martini no necesita presentación, pero sí merece una historia.
De dónde viene
Su origen es difuso, como el de los mejores clásicos. Las primeras apariciones datan de mediados del siglo XIX. Una de las versiones más citadas ubica la escena en el Hotel Occidental de San Francisco: un minero camino al pueblo de Martinez, California, pidió un trago. El bartender Jerry “El Profesor” Thomas preparó una mezcla de ginebra Old Tom, vermut y marrasquino, y la llamó “Martínez” en honor al destino del cliente. La otra versión invierte el recorrido: el mismo minero, en sentido opuesto, paró en un bar del propio pueblo de Martinez. En cualquier caso, el nombre quedó.
Por qué sigue siendo un clásico
Roosevelt era tan fanático que viajaba con su propio kit de preparación; incluso le convidó un Dry Martini al líder soviético Stalin en la Conferencia de Yalta de 1945. Churchill sostenía que el vermut seco podía reemplazarse simplemente por “una reverencia hacia Francia”. Hemingway creó su propia versión con una proporción de 15 partes de gin por una de vermut.
La cultura popular lo consagró definitivamente: James Bond lo pidió agitado, no mezclado, en cada entrega de la saga. Y los números acompañan: en la edición 2025 del Cocktail Report de Drinks International, el Dry Martini figuró en el ranking de los 10 cócteles más pedidos en el 41% de los establecimientos relevados a nivel mundial.
El contexto argentino
“Argentina vive un momento de madurez en su cultura coctelera, y el lugar e importancia que ha adquirido nuevamente el Martini es una gran muestra de ello”, explica Eduardo Demaestri, presidente de CABARCO, Cámara Argentina de Bares de Coctelería.
El paladar del consumidor argentino ha evolucionado notablemente y hoy busca bebidas más secas, precisas, dosificadas, elegantes y de mayor calidad. Valores contemporáneos que encierra el Dry Martini, que no solo es un clásico que está de vuelta, sino que viene resignificado.
El Dry Martini, que en algunas de sus versiones requiere como mínimo un 70% de Spirit necesita, además de la técnica, precisión y simplicidad de el barman que lo prepare, una materia prima de primera calidad, y en nuestro país ha crecido notablemente la producción de destilados.
Se estima que en los últimos años han surgido aproximadamente 200 destilerías y cerca de 500 nuevas etiquetas de Gin locales.
El cóctel
Dos ingredientes, proporciones a debatir, técnica sin margen de error. Cuatro partes de gin, una de vermut seco, vaso mezclador, copa bien fría. La aceituna o el twist de limón: los detalles definen todo.
Simple en apariencia, exigente en ejecución. Quizás ahí esté la clave de por qué, más de 150 años después, nadie lo saca de la carta.


