TRAS EMIGRAR DE VENEZUELA Y COMENZAR UNA NUEVA VIDA EN ARGENTINA, FRANCISCO VILLARROEL TRANSFORMÓ LA INCERTIDUMBRE EN OPORTUNIDAD. HOY LIDERA UN ECOSISTEMA DE MARCAS GASTRONÓMICAS QUE COMBINA INNOVACIÓN, IDENTIDAD Y UNA VISIÓN CENTRADA EN LA EXPERIENCIA DEL CONSUMIDOR.
De las canchas de fútbol en Venezuela a la creación de algunas de las marcas gastronómicas más reconocidas de Buenos Aires, este joven empresario construyó su camino apostando por conceptos innovadores, identidad de marca y una obsesión constante por mejorar la experiencia del consumidor.
Cuando Francisco Villarroel desembarcó en Argentina hace casi una década, no provenía de una familia gastronómica ni tenía experiencia formal en el sector. Sin embargo, traía consigo algo que considera indispensable para cualquier emprendedor: curiosidad, capacidad de aprendizaje, paciencia y una profunda vocación por construir proyectos.
Su primer emprendimiento ni siquiera estuvo vinculado a la gastronomía. A los 24 años desarrolló en Venezuela un complejo de tres canchas de fútbol 5, una experiencia que le permitió descubrir el universo empresarial y adquirir herramientas de gestión, administración y atención al cliente que luego resultan fundamentales para su carrera.
Ya instalado en Buenos Aires, identificó una oportunidad que por entonces parecía disruptiva: introducir el concepto de POKE BOWLS en el mercado local. Así nació HANA, la marca que se convertiría en su puerta de entrada al competitivo mundo gastronómico argentino.
“Cuando llegué entendí rápidamente que la gastronomía en Argentina es mucho más que comida. Los restaurantes son espacios de encuentro, celebración y experiencias. Eso me hizo tomar la industria con muchísimo respeto“, recuerda.
Lejos de improvisar, Villarroel decidió aprender desde cero. Observó tendencias, estudió modelos de negocio, se rodeó de profesionales talentosos y apostó a construir marcas con identidad propia. Lo que comenzó como una oportunidad comercial terminó convirtiéndose en una verdadera pasión.
El creador detrás de marcas con personalidad
Tras el éxito inicial de HANA, llegó NACHA, una propuesta gastronómica que logró posicionarse como una referencia dentro de su categoría y que hoy cuenta con seis locales entre operaciones propias y franquiciadas.
Para Villarroel, integrante del grupo gastronómico GLOTONA, uno de los mayores logros de la marca fue contribuir a popularizar el formato BURRITO en Buenos Aires.
“Más allá del crecimiento, lo que más valoro es haber construido una marca que conectó genuinamente con las personas y se transformó en una referencia para muchos consumidores”, afirma.
Su visión empresarial se basa en un principio claro: crear conceptos que tengan vida propia.
Por eso, aunque lidera distintos proyectos gastronómicos bajo una misma estructura empresarial, evita poner el foco en el nombre del grupo. Prefiere concentrarse en desarrollar marcas con personalidad definida, propuestas diferenciadas y una conexión auténtica con su público.
BARDO: una hamburguesería con identidad argentina
Su más reciente apuesta es BARDO, una marca que busca hacerse un lugar en uno de los segmentos más competitivos de la gastronomía: el universo de las hamburguesas.
La inspiración surgió luego de años de viajes y de probar propuestas en diferentes partes del mundo. Allí comprendió que muchas veces la innovación no pasa por reinventar un producto, sino por perfeccionarlo.
“Después de probar muchas hamburguesas entendí algo muy simple: la mayoría de las veces no hace falta reinventar las cosas, hace falta creer que se pueden hacer mejor”, sostiene.
Con esa filosofía nació BARDO. Una propuesta que apuesta por la excelencia en los detalles, una identidad marcada y una experiencia pensada para las nuevas generaciones de consumidores.
El nombre también refleja una historia personal. Después de casi diez años viviendo en Argentina, Villarroel siente que muchas expresiones locales ya forman parte de su propia identidad.
“Emprender es un bardo. Mudarse de país es un bardo. Enamorarse es un bardo. La vida muchas veces es un bardo. La marca toma esa idea y la transforma en algo positivo”, explica.
Bajo el lema “La vida es un bardo, elegí el tuyo”, la hamburguesería busca representar esa intensidad tan característica de la cultura argentina.
Crecer sin perder la esencia
Aunque reconoce el potencial de las franquicias como herramienta de expansión, Villarroel asegura que su prioridad actual es consolidar el concepto, el producto y la experiencia de BARDO.
“No me obsesiona la cantidad de locales. Me obsesiona construir una marca que siga teniendo sentido dentro de cinco o diez años”, afirma.
Esa visión de largo plazo también se refleja en su manera de liderar. Si bien participa activamente en la dirección estratégica, el desarrollo de marca y la experiencia de cliente de cada proyecto, reconoce que uno de sus mayores aprendizajes fue entender el valor del trabajo en equipo.
“Durante mucho tiempo me costó delegar. Con los años aprendí que los mejores proyectos se construyen junto a otras personas. El talento compartido siempre llega más lejos que el esfuerzo individual.”
Hoy, acompañado por socios estratégicos y profesionales que lo acompañan desde hace varios años, Villarroel continúa construyendo un ecosistema de marcas gastronómicas que combinan innovación, identidad y una mirada empresarial moderna.
Su historia demuestra que, en una industria tan exigente como la gastronómica, el éxito no depende exclusivamente de la experiencia previa, sino de la capacidad para aprender, adaptarse y transformar cada desafío en una oportunidad de crecimiento.



