El país más allá de la costa

Uruguay suele quedar asociado a la imagen del verano, las playas y los días largos frente al mar. Sin embargo, cuando baja la temperatura aparece otra versión del país: más silenciosa, más rural y ligada a los sabores de la tierra. Entre viñedos, bodegas, olivares, fogones y mesas compartidas, el invierno invita a recorrer paisajes donde el vino y la gastronomía cuentan historias de familias, tradiciones y territorios.

El enoturismo uruguayo propone una manera diferente de viajar. No se trata solo de probar una copa, sino de acercarse al origen: caminar entre hileras de vides, conocer procesos de elaboración, escuchar relatos de productores y descubrir cómo el paisaje se transforma en una experiencia que combina naturaleza, cultura y cocina.

Dentro de esa identidad aparece un protagonista indiscutido: el Tannat. Esta variedad, llegada al país de la mano de inmigrantes vascos hacia fines del siglo XIX, encontró en Uruguay un territorio donde desarrollarse con características propias. Su intensidad, estructura y personalidad lo convirtieron en la cepa insignia nacional y en uno de los grandes símbolos de la vitivinicultura uruguaya.

Su vínculo con la gastronomía tiene un clásico que atraviesa generaciones: el cordero. La combinación entre Tannat y cordero resume buena parte de la tradición rural del país, donde el fuego, los productos locales y la reunión alrededor de una mesa forman parte de una manera de celebrar.

Durante la temporada de invierno, distintas bodegas y establecimientos turísticos proponen experiencias donde ese encuentro es protagonista. Visitas guiadas, degustaciones, almuerzos entre viñedos, cocina al fuego y platos de estación forman parte de una agenda que invita a disfrutar el frío desde otro lugar.

En Montevideo, el mundo del vino convive con la ciudad. Bodegas como Bouza, Beretta, Spinoglio, Santa Rosa, Familia Dardanelli, Sacromonte Jacksonville, City Winery y Casa Grande acercan propuestas que permiten descubrir etiquetas, historias y paisajes productivos sin alejarse del entorno urbano.

También aparecen espacios dedicados a la cultura del vino y la gastronomía, como CatArte, Rústico Wine Bar, Disponible, La Sacristía y Vela Restó, donde la experiencia se traslada a la mesa a través de catas y encuentros que ponen en valor los sabores uruguayos.

A pocos kilómetros de la capital, Canelones concentra una de las zonas vitivinícolas más importantes del país. Sus caminos rurales atraviesan bodegas familiares y proyectos que combinan producción, hospitalidad y turismo.

Allí se destacan establecimientos como Castillo Viejo, Pizzorno, Familia Moizo, BraccoBosca, Filgueira, De Lucca, Colorado Chico, Finca Las Violetas, Varela Zarranz, Quinta Santero, Antigua Bodega y Familia Deicas, entre otros. La cercanía con Montevideo convierte a la región en una alternativa ideal para escapadas de un día o fines de semana donde el ritmo cambia entre copas de vino, paisajes abiertos y cocina de temporada.

Más hacia el oeste, Colonia y Carmelo ofrecen una experiencia donde el vino se mezcla con historia y paisaje. La Ruta 21 conecta viñedos, caminos rurales, pueblos tranquilos y la presencia constante del Río de la Plata.

En esta zona aparecen bodegas como Los Cerros de San Juan, Narbona, Zubizarreta, Los Pinos, El Legado, Irurtia, Fripp y Almacén de la Capilla. Muchas de ellas conservan una identidad marcada por la tradición familiar y proponen recorridos donde la degustación se combina con almuerzos, arquitectura histórica y una atmósfera más pausada.

San José suma otra mirada del Uruguay rural. Entre campos y paisajes abiertos, propuestas como Rovere y Finca Piedra combinan vino, gastronomía, naturaleza y encuentros alrededor del fuego, recuperando esa sensación de volver a lo esencial.

En Maldonado, el mapa turístico cambia de perspectiva. Más allá de la costa conocida internacionalmente, el departamento revela caminos serranos, olivares y viñedos que muestran otra cara del territorio. Alto de la Ballena, Garzón y Cerro del Toro forman parte de una escena donde el paisaje acompaña cada experiencia.

Los Caminos de la Vid y los Olivos reúnen allí distintas propuestas vinculadas al vino, el aceite de oliva y la gastronomía local, en recorridos donde las sierras y las rutas panorámicas suman una dimensión diferente al viaje.

Para quienes quieran planificar una visita, las agendas actualizadas pueden consultarse en:
https://www.bodegasdeluruguay.com.uy/agenda/
https://www.inavi.com.uy/agenda/
https://bodegasdecolonia.com/#!/-bodegas-y-viedos/
https://www.infoturismo19.com.uy/caminos-de-la-vid-y-los-olivos/

A esta propuesta se suma una celebración que encuentra en el invierno su escenario natural: la Noche de San Juan. La tradición, de origen europeo, se mantiene viva en Uruguay cada 23 de junio y se extiende durante la madrugada del 24, con el fuego como símbolo principal.

Fogones, música, vino caliente, cocina de estación y encuentros al aire libre forman parte de una celebración que recupera una costumbre ancestral: reunirse alrededor de las llamas para compartir.

En el campo uruguayo, esa imagen cobra una fuerza especial. Una copa de Tannat, el aroma del cordero asándose lentamente, una bodega iluminada y una mesa larga construyen una postal que pertenece tanto al presente como a la memoria.

Para quienes buscan una escapada diferente, Uruguay ofrece una forma de viajar más conectada con los sentidos. El invierno aparece entonces no como una pausa de la temporada turística, sino como una oportunidad para descubrir un país de sabores profundos, paisajes tranquilos y tradiciones que siguen vivas.

Las experiencias pueden requerir reserva previa y las propuestas varían según cada establecimiento, por lo que se recomienda consultar la disponibilidad antes de organizar la visita.

Por Flavia Tomaello, https://flaviatomaello.blog/, Instagram @flavia.tomaello