Sobre la costa ateniense, donde el azul del Golfo Sarónico se funde con las colinas que abrazan la ciudad, Mercato propone una vivencia gastronómica que combina herencia italiana y entorno mediterráneo. Desde su terraza, la vista abierta al mar aporta una serenidad inmediata. En los días claros del invierno, muchos comensales eligen mesas exteriores para disfrutar del sol y del aire salino.
El salón interior recibe la luz a través de una amplia superficie vidriada que ilumina lámparas de araña, estanterías de madera y sofás de cuero azul con ribetes textiles. El espacio transmite sofisticación sin perder calidez, creando rincones que invitan a conversaciones prolongadas. La ambientación acompaña una cocina que apela a la memoria afectiva.
Al frente se encuentra la chef Maggie Tampakaki, formada en Roma y conocedora profunda de la tradición italiana. Su propuesta de temporada reúne platos reconfortantes con detalles cuidadosamente pensados. Entre ellos destaca el raviolo relleno de crema de calabaza japonesa kabocha aromatizada con ralladura de naranja y nuez moscada, dispuesto sobre una salsa sedosa de gorgonzola. La hortaliza se aprovecha íntegramente, incluida su piel comestible, en línea con una filosofía de aprovechamiento total. Las semillas tostadas aportan un contraste crujiente.
La cotoletta, de exterior dorado y corazón jugoso, se completa con una ensalada César reinterpretada, mayonesa de anchoas, alcaparras picadas y una capa generosa de Parmigiano Reggiano D.O.P. rallado al momento. También figura una pizza blanca inspirada en la carbonara clásica, con mozzarella, crema de pecorino, guanciale crocante y huevo confitado rallado, perfumada con una mezcla de pimienta negra, mandarina y bourbon de Madagascar, presente igualmente en su versión de cacio e pepe.
El arancino al tartufo ocupa un lugar central entre los postres. Se presenta como una esfera crujiente de risotto de trufa elaborado con Castelmagno, emblemático queso del Piamonte. Rebozado con pan rallado al carbón, contiene trufa y caldo de trufa en su interior y se corona con láminas frescas. Servido sobre crema de parmesano, armoniza con un Chardonnay de perfil mantecoso.
Las cenas cotidianas transcurren con un ritmo apacible, centradas en focaccias suaves y productos de estación como calabazas, castañas y hongos, sabores profundos del invierno que encuentran su mejor compañía en una copa de vino. La carta enológica recorre regiones clave de Italia con añadas maduras, Super Toscanos y enfoques diversos, junto a etiquetas seleccionadas de Francia y Grecia.
El domingo introduce un espíritu festivo con el Pranzo della Domenica. Pizzas recién horneadas y preparaciones abundantes se suman a la propuesta, mientras un carrito ofrece risotto servido directamente desde una rueda de parmesano. Los ñoquis llegan dentro de grandes calabazas asadas y se presentan en la mesa ante los comensales.
El buffet despliega embutidos, mariscos, gambas, salsiccia y pollo Diavola, además de una isla central dedicada a los quesos. Entre ellos aparecen variedades de cabra maduradas en hojas de castaño, en Barolo o en Moscatel. Un gorgonzola fundido bajo una lámpara especial adquiere textura cremosa similar a una fondue. Platos de cocción lenta conviven con elaboraciones preparadas al instante.
El final dulce incluye una sala dedicada al chocolate con fuentes en funcionamiento, estantes repletos de especialidades y una máquina de helado suave que invita a la indulgencia. Mercato celebra la mesa como un acto sensorial completo, donde sabor, paisaje y tradición se entrelazan con el Egeo como escenario permanente.
Por Flavia Tomaello, https://flaviatomaello.blog/, Instagram @flavia.tomaello


