Entre streamers mexicanos, brasileños y dominicanos que declararon lo “insoportable” que sería otro campeonato argentino, empezó a instalarse una idea: la intensidad nacional resulta difícil de entender. Fernet Branca tomó esa conversación y la transformó en un himno de orgullo y pertenencia.
Pasaron cuatro años desde que Argentina levantó la Copa del Mundo en Qatar y hay algo de esa euforia que nunca terminó de apagarse. Sigue apareciendo en canciones, memes, clips, chistes y videos.
A menos de un mes del arranque del Mundial 2026, el clima ya se empezó a sentir. No en la cancha, sino en las redes sociales: streamers y creadores de contenido de distintos países empezaron a hablar de lo “insoportable” que resulta la intensidad argentina y a instalar el pánico global a que la Selección gane la cuarta estrella.
Fernet Branca tomó toda esa conversación digital y la convirtió en una campaña construida a partir de esa mirada externa sobre los argentinos. El spot reúne al mexicano Mike Máquina del Mal, al brasileño Allan Jones y al dominicano Will junto a Luquitas Rodríguez, uno de los mayores exponentes de la pasión argentina en los últimos años, en un himno que transforma todas esas críticas en orgullo.
Más allá del tono irónico o provocador, la canción funciona como una forma de apropiarse de eso que desde afuera aparece como exceso y convertirlo en identidad.
“Empezamos a ver videos y comentarios de personas de distintos países diciendo que no querían que Argentina volviera a ganar. Y entendimos que había algo muy potente ahí: esa intensidad que para otros resulta excesiva, para nosotros es símbolo de orgullo”, explican desde Branca mientras trazan un paralelismo entre la intensidad de los argentinos y la del fernet, bebida que tiene un sabor tan particular que no pasa desapercibido.
De la crítica al orgullo: una intensidad que se juega en la vida real
La discusión empezó a repetirse en transmisiones en vivo, reacciones y fragmentos que se viralizaron en plataformas digitales. Mike La Máquina del Mal apuntó contra la euforia nacional; Allan Jones habló de lo que agrandaría a la albiceleste un doble campeonato y Angelo Valdés —Will, de Los Futbolitos— hizo hincapié en lo difícil que sería soportar cuatro años más de esta intensidad.
Si en redes la intensidad argentina puede parecer exagerada, en la vida cotidiana se vuelve concreta, visible y, muchas veces, extrema. No es solo una forma de alentar: es una
forma de organizarse alrededor del Mundial. Cada cuatro años aparecen historias que lo confirman, como la de Rodrigo González Cejas, conocido como “El Talismán”, un hincha que decidió seguir a la Selección a todas partes desde Brasil 2014 y se volvió símbolo en Qatar, donde muchos lo consideraban un amuleto de la suerte.
O la de Alejo Ciganotto, quien cruzó América a dedo durante meses con un objetivo claro: llegar al Mundial. Historias como estas conviven con muchas otras más silenciosas pero igual de potentes.
Pero esa intensidad también se expresa a nivel colectivo. Tras la consagración en Qatar, millones de personas salieron a las calles y colmaron el centro de Buenos Aires en un festejo histórico que recorrió los medios del mundo. La magnitud fue tal que muchos hinchas se subieron a camiones, semáforos y estructuras urbanas para poder ser parte de la celebración. Incluso existen expresiones organizadas de esa devoción, como la Iglesia Maradoniana que convierte la pasión por el fútbol en una forma de culto simbólico.
Visto desde afuera, puede parecer exceso. Pero en Argentina tiene otra lógica: el fútbol es identidad, pertenencia y emoción llevada al límite. Y fue justamente desde ese lugar de orgullo nacional donde Fernet Branca encontró un punto de conexión.
El sabor de la pasión
Pero la conexión no termina en el fútbol. También aparece en el propio fernet: un sabor intenso, particular, difícil de entender para quienes lo prueban por primera vez. Una bebida amarga y potente, que durante años desconcertó a muchos extranjeros y que, sin embargo, terminó convirtiéndose en una de las escenas más argentinas que existen. Igual que esa forma de vivir el Mundial, el fernet no busca ser suave ni pasar desapercibido.
Y es ahí donde aparece la conexión entre Branca y los argentinos, que parecen estar hechos de lo mismo. De una intensidad compartida. De esa personalidad fuerte que no intenta agradar a todo el mundo, que genera fascinación o rechazo, pero nunca indiferencia. Porque tanto el fernet como esa manera argentina de sentir el fútbol, los encuentros, las celebraciones… parecen funcionar bajo la misma lógica: vivir todo un poco más arriba, un poco más al límite, un poco más intenso.
Y esa intensidad es la que se vibra en las reuniones que arrancan horas antes de un partido, en los amigos alrededor de un vaso de fernet y en los festejos que siguen mucho después del pitido final. Porque en Argentina el fútbol no se mira solo: se vive en grupo. Y en esa escena colectiva, Fernet Branca hace años que es protagonista.
Una conversación cultural que ya estaba en marcha
Así, la campaña deja de funcionar solamente como una acción mundialista y pasa a capturar algo más grande: una conversación cultural que ya estaba en marcha.
Y quizá ahí esté el verdadero punto. No en intentar bajar la intensidad, sino en asumirla. Porque eso que afuera incomoda, acá genera orgullo.


