APERTURA: La Terrazza de Casa Zarautz, una parrilla puertas adentro que reinterpreta el ritual del asado

Este nuevo espacio en Palermo propone una experiencia casera y cercana, con foco en el producto, la técnica y el encuentro alrededor del fuego, en un formato cuidado que combina calidad y calidez.

La Terrazza de Casa Zarautz, parte del proyecto Casa Zarautz a cargo del chef Leandro Leyell, abre en Palermo y propone una experiencia casera y cercana, con foco en la parrilla, el producto y el encuentro alrededor del fuego, atravesada por una mirada actual que se expresa en el uso de técnicas poco tradicionales dentro del universo parrillero, en un formato cuidado que combina calidad y calidez. Puertas adentro, la propuesta se desarrolla en una terraza apartada del ritmo de la calle, con dinámica propia, donde la experiencia se vive con una cercanía que remite a una casa más que a un restaurante.

Ubicada en una terraza con toldo, con impronta de quincho y espíritu de casa, la propuesta construye una atmósfera íntima y relajada, pensada como un refugio en medio de la ciudad. Con capacidad para 46 cubiertos, el espacio se organiza en torno a una parrilla que ocupa un lugar central, rodeada por una barra y acompañada por mesas de distintas dimensiones y una mesa comunal, con pisos en damero, manteles blancos y una ambientación que suma plantas comestibles y detalles que refuerzan la sensación de estar en una casa, con calefactores que permiten sostener la experiencia a lo largo de distintas estaciones del año. El recorrido también forma parte de la visita: el recibimiento, la subida por la escalera y la disposición del salón acompañan esa idea de cercanía.

La experiencia se apoya en un servicio personalizado y descontracturado, que busca correrse de la formalidad tradicional del restaurante para generar un vínculo más directo. Alejada del ruido, la terraza propone un clima relajado y cercano, donde la dinámica del servicio acompaña sin imponerse y la comida se integra de forma natural al encuentro.

En lo gastronómico, la propuesta se construye sobre una carta corta y estacional, con foco en la trazabilidad de los productos y una manipulación precisa que prioriza la calidad de la materia prima. Las carnes —provenientes de novillos pesados criados a pastoreo— se trabajan con técnicas poco habituales en parrilla, como la cocción al vacío, el sous vide y el control de temperatura, que permiten lograr texturas parejas y conservar jugos y sabor. A esto se suma el uso de parrilla a leña de quebracho y el horno ahumador a leña, que aportan un perfil ahumado distintivo tanto en cortes como en vegetales y otras preparaciones.

La carta se ordena a partir de esa idea de continuidad entre elaboración y servicio, guiando la experiencia en distintas escalas de intensidad. En ese mismo espíritu de cocina precisa y cercana, la velada se abre con un gesto simple: el pan. En el entrepiso funciona la panadería propia del proyecto, donde se elaboran a diario pan francés y cremonas que llegan a la mesa para acompañar el inicio del recorrido. Allí trabajan una panadera y pastelera.

Para picar, aparecen quesos y fiambres artesanales que retoman el espíritu de reunión alrededor de la mesa. El fontina ahumado se sirve con mermelada casera de tomates, mientras que la raclette fundida llega acompañada de lomo de Praga y pepinillos. La provoleta parrillera se trabaja al grill con rúcula fresca y tomates asados al oliva, y en otra versión se combina con miel y frutos secos garrapiñados. Dentro de ese mismo registro, la polpetta de fior di latte se arma con rúcula, albahaca, brotes picantes y olivas, en una composición fresca y directa.

En fiambres, la propuesta combina salame y sopressata con ajíes asados, mortadela con pistachos y encurtidos artesanales, y jamón crudo con tomates de huerta y manteca casera, siempre con el pan como soporte natural de la mesa. En esa línea aparece “La suma de todos los males”, una preparación que reúne mortadela con pistacho, panceta ahumada y provoleta, llevada a la parrilla hasta lograr bordes crocantes y centro fundente, pensada para el centro de la mesa.

La sección de conservas suma una capa más doméstica y vegetal al picoteo. Frascos de elaboración propia acompañan sin dominar: ajíes con ajo asado, berenjenas en escabeche, ajíes verdes en vinagre, tomates asados con romero, porotos alubia en chimichurri, repollo blanco marinado en sal y lentejas a la provenzal. Son sabores que funcionan como contrapunto del fuego, con acidez, frescura y textura.

Dentro de los especiales de la terraza, la propuesta amplía ese mismo lenguaje con preparaciones que combinan técnica y producto: lengua ahumada con vinagreta propia, hongos portobello al hierro y una cazuela de humita con provoleta gratinada, donde el ahumado y el horno terminan de definir el carácter de la cocina.

La parrilla es el eje central del proyecto. Como antesala, aparecen mollejas de corazón, chorizo de puro cerdo y morcilla clásica, en un registro directo del ritual parrillero. A partir de allí se desarrollan los cortes de novillo pesado, con maduración en vacío y carne criada a pastura y terminada a grano, trabajados con control de temperatura para respetar jugosidad y textura.

Entre los cortes principales, el asado ventana se presenta como una cocción lenta de siete costillas del centro del asado, con punto a elección y una búsqueda de terneza sostenida por el fuego bajo. El vacío pulpón braseado con vegetales suma una cocción prolongada que concentra sabor y aporta profundidad vegetal al conjunto. El ojo de bife, por su parte, se trabaja en punto jugoso para resaltar su equilibrio entre grasa y fibra, en una parrilla a leña de quebracho que define el perfil final de la carne.

Como acompañamientos, la cocina propone vegetales de estación al fuego con hierbas, olivas y queso blando, papas fritas de doble cocción bien crocantes, hojas verdes salvajes, tomates de huerta con verduras asadas, papas y boniatos al plomo con manteca y oliva, y un puré de papas duquesa gratinado, que refuerza el costado más hogareño del servicio.

El cierre dulce mantiene esa misma línea de cocina reconocible: fruta quemada al hierro con helado de crema, flan casero con dulce de leche, panqueque de manzana al ron y vigilante de queso Lincoln con batata o membrillo. A esto se suman postres de fin de semana que refuerzan una tradición más marcada y suman variedad a la mesa. Todo ocurre en una sobremesa que prolonga el espíritu de encuentro que atraviesa toda la propuesta.

En ese punto, La Terrazza de Casa Zarautz se despliega como una forma de entrar en el ritual del asado argentino desde otro ángulo: no como una reconstrucción, sino como una experiencia viva, atravesada por el fuego, el producto y la mesa compartida. Un espacio donde la cocina organiza la escena y la ciudad queda, por un rato, del otro lado de la escalera.

LA TERRAZZA DE CASA ZARAUTZ
Dirección: Nicaragua 5577, Palermo.
Horario: todos los días desde las 20.
Instagram: @casa.zarautz